diego

 

Una cosa es ser adicto al trabajo y otra es ser trabajo–dependiente. En la primera versión están los que creen que el trabajo no puede vivir sin ellos; mientras que en la segunda se encuentran los que creen que no pueden vivir sin el trabajo.

Las causas que nos llevan a estas adicciones, parecidas pero no iguales, son las que debemos trabajar si queremos sobrevivir en este mundo inmundo de las presiones financieras. Sí, es que, en definitiva, el gran problema del trabajo en adicción son las finanzas. Cuando creemos que el trabajo no puede vivir sin nosotros, por lo regular, somos dueños de un negocio o empresa -bueno, la realidad es que el negocio o empresa es dueño de nosotros-, y en el resto de los casos, tenemos una importante posición que nos hace ser parte del corazón del día a día.

PRIMER PASO:

Tenemos que reconocer que hemos logrado hacer un sistema de trabajo que lleva a la empresa a morir si no estamos (o por lo menos, eso creemos).

SEGUNDO PASO:

Hacer que la empresa deje de ser dueña de nuestras acciones fuera del horario de trabajo… necesitamos un nuevo proceso que permita a la operación seguir si no estamos. Si se enferma o deja de inhalar y exhalar, el negocio no debe morir.

TERCER PASO:

Ya podrá comenzar a disfrutar de horas de ocio y vacaciones. También, están los que no pueden vivir sin el trabajo. Esto no es real, es una simple protección que buscamos, haciéndonos pasar por adictos porque es la mejor excusa para ser comprendidos:

Tenemos miedo de dejar de ser imprescindibles si no estamos en la empresa más tiempo del necesario. Otros pensamos que si no damos cada día más, la empresa no llegará a ser lo que soñamos, y si ya es lo que soñamos, entonces, comenzamos a soñar más alto. Otros somos obligados a estar dentro de la empresa por horas interminables… Esto no es una adicción, es una obligación (mientras no decidimos cambiar de trabajo). Existen también los que creen que sin ese trabajo morirán de hambre. Y le aseguro que si piensa así, posiblemente será así. La mala noticia es que ya las empresas no tienen corazón, no son emocionales, sino racionales… Sólo tienen una hoja donde apuntan ingresos y egresos, y eso es suficiente para evaluar si necesitan o prescinden de nuestros servicios.

Procure profesionalizarse y saber que puede hacer otras cosas o puede ser visto por otro departamento o empresa; de lo contrario, su dependencia del trabajo lo hará independiente, además de amargado y fracasado. El segundo grupo, los trabajo–dependientes, necesitan de una terapia con un profesional de la salud mental. En mi libro “Mi Binomio”, explico como hacer de una vida una obra de arte. La adicción al trabajo es un mal de nuestra época, por eso, muchos países están tomando decisiones drásticas contra las empresas que la fomentan o la dejan crecer dentro de sus colaboradores.  Y al final de cuentas, las empresas se dan cuenta que tener colaboradores sanos y felices en su vida personal es mucho más productivo.