Ingrid MartínezHace mucho leí “Las cosas que más importan nunca deben estar relegadas a las cosas que menos importan” (Goethe), esto me marcó.

Sin embargo, lo que acontece no nos da mucha tregua, el mundo es un torbellino; los cambios socio-políticos, económicos y climáticos y la revolución en la ciencia y la  tecnología, provocan turbulencias en las sociedades y remueven las cimientes de las organizaciones. Los estilos de vida han sido reconfigurados y los seres humanos andamos en una carrera desenfrenada tratando de adecuarnos y de responder a las demandas que todo esto genera.

Somos seres humanos integrales, nuestra vida está conformada por múltiples áreas: espiritual, social y ambiental, salud y recreación, familia y hogar, carrera y trabajo. Debemos procurar continuamente un balance, estableciendo prioridades entre cada una de éstas y de manera dinámica satisfaciendo las nuevas responsabilidades que vayan surgiendo.

Hace unos años, incitada por el autor de un libro completé un ejercicio mediante el cual debía determinar el porcentaje de tiempo que dedicaba a cada una de esas áreas. Sabía que no estaba bien, pero no sabía que estaba tan mal. Cuando finalicé y vi los funestos resultados mostrando un desequilibrio marcado hacia el trabajo, me propuse hacer algo para cambiar, entendí por qué me sentía tan insatisfecha a pesar de lo “exitosa” que era.

Desde chicos se nos inculca que debemos obtener buena reputación, admiración, objetivos, libertad financiera y comodidades materiales, buena educación, relaciones y promociones e incrementos salariales consistentes. Hemos crecido con un concepto desvirtuado de lo que es el éxito. Es así como muchos mueren en el intento, haciendo elecciones poco saludables; descuidando áreas críticas de sus vidas, como su familia, amigos, entretenimientos, salud, cayendo así en el desbalance.

Si siente que su vida está fuera de control, que no puede cumplir con los compromisos contraídos y que siempre está atrasado y sobrecargado, si experimenta sentimientos de culpabilidad por perderse fechas memorables de seres queridos, si come en el escritorio y rara vez toma recesos, si siempre piensa en el trabajo y en las cosas que tiene pendiente, aun estando fuera de la oficina, de seguro que su vida esta desbalanceada.

Otras preguntas que sería interesante se respondiera son: ¿Trabaja largas horas? ¿Se lleva trabajo a la casa?, ¿Siente estrés sobre la cantidad de tiempo que pasa trabajando?, ¿Camino al trabajo, piensa en trabajo?, Toma un receso para el almuerzo de media hora o menos?, ¿Deja de otorgar tiempo de calidad a la familia y amigos por presión de trabajo?, ¿Cree que el trabajo tiene un efecto negativo sobre su vida personal?, ¿Piensa que no saca suficiente tiempo para sí?, ¿Siente ansiedad o frustración por lo que pasa en el trabajo?, ¿Experimenta cansancio o depresión por el trabajo?, ¿Usualmente pierde los estribos en el trabajo? Si responde que “si” a más de la mitad de estas preguntas, hay problemas.

Es importante meditar sobre la repercusión que esto tiene sobre el individuo, las organizaciones y las sociedades en general. Personas deambulando como máquinas; irritadas, enfermas, disfuncionales, familias separadas y enajenadas, empleados estresados, improductivos, poco creativos con el “cerebro calcinado”.

Las organizaciones deben asumir la responsabilidad frente a la sociedad de promover el balance trabajo-vida. Los patronos pueden contribuir previendo que los requerimientos de trabajo; programas, presupuesto, asuntos urgentes, y viajes,  no demanden cotidianamente del tiempo de ocio o del tiempo familiar, de sus colaboradores y que las oportunidades de ascenso no requieran frecuentemente de cambios geográficos.

Más que “éxito” debemos perseguir “satisfacción plena”; esta se deriva de lograr lo que nos proponemos con una vida íntegra, servir con propósito, mostrar “pasión” por lo que hacemos, construir relaciones satisfactorias y armoniosas, procurar equilibrio entre lo material y espiritual, cuidar nuestra salud, llevar una vida guiada por principios y valores y albergar sentimientos de bienestar, paz y gozo.

Afortunadamente tenemos libre albedrío. Podemos elegir una dirección u otra. Invertir demasiado (SOBREINVERSI?N) en un área y poco en otra (SUBINVERSI?N), genera puntos ciegos, retos, obstáculos, que se manifiestan hoy o en el futuro, llevándonos al fracaso.

Hoy mi distribución porcentual varía bastante versus lo que resultó en aquel momento, sobretodo en lo que a las esferas espiritual y familiar se refiere. Confieso que no ha sido fácil, pues las demandas del entorno contaminan, cuando flaqueo, acudo a esta cita Bíblica “Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21), y me pregunto: ¿qué es lo que más importa? Y luego de la respuesta, me formulo otra: ¿Y si eso me importa tanto por qué lo relego a un segundo, tercero, cuarto lugar?

 

Reconozco que aún me falta mucho y que no experimentaré satisfacción plena si no logro equilibrio trabajo-vida. El balance nos ofrece una sensación de paz y armonía que garantiza estabilidad y felicidad.

 FRASE A DESTACAR

“Más que “éxito” debemos perseguir “satisfacción plena”; esta se deriva de lograr lo que nos proponemos con una vida íntegra, servir con propósito, mostrar “pasión” por lo que hacemos, construir relaciones satisfactorias y armoniosas, procurar equilibrio entre lo material y espiritual, cuidar nuestra salud, llevar una vida guiada por principios y valores y albergar sentimientos de bienestar, paz y gozo.”