alejandra

 

“Consiste en preparar nuestra lonchera en casa, y cuidando algunos detalles de conversación de los alimentos como, por ejemplo refrigerarlos al llegar de la oficina o universidad”

Poco a poco, vamos viendo como las calles de la ciudad se van llenando de vendedores ambulantes de comidas rápidas y frutas, especialmente en zonas cercanas a universidades. Una carpa, un tablón, un caldero, un fogón, un exhibidor, una neverita azul o roja, condimentos varios, una cubeta con agua, un trapo y un cuchillo suelen ser el mobiliario propio de estos puestos.

Los fruteros y jugueros son más simples, llevan un carrito con dos ruedas tirado por una bicicleta, una sombrilla, exprimidor, azúcar, miel, neverita con hielo, raspador de hielo, un cuchillo, un trapo, funditas rosadas, bandejas, vasos foam y pinchos de madera. La oferta es amplia… ensaladas de fruta, piñas en trozos, lechosa, melones, coco de agua, jugos de china y de caña, empanadas fritas, quipes, pastelitos, chicharrones de Villa Mella, “burguers”, yaroa, los famosos “chimis”, cativías y hasta la “Bandera dominicana” (arroz, habichuela y carne). Y los clientes son muchos. Un cuadro típico nos permite contemplar a estudiantes y trabajadores buscando la mejor opción – “buena, bonita y barata” – para su merienda o almuerzo, dentro de un abanico de coloridas ofertas.

Todo ser viviente necesita alimentos y agua, y no sólo el ser humano; sino que los microorganismos, llámense bacterias, virus, parásitos u hongos también, y en un ambiente donde no impera la higiene, el sol calienta la calle y la humedad va en aumento, estos bichitos se arman un gran festín.

Analicemos el entorno:
El negocio se sitúa directamente en la acera, no cuenta con un suministro continúo de agua para cocinar ni para lavar el espacio de trabajo, ni los implementos usados como el cuchillo o la tabla para cortar los vegetales o la carne, y sin considerar la higiene de las manos, herramienta principal de un cocinero, aunque a veces se puede apreciar un balde en un rincón con agua que ha cambiado alguna de sus características de incolora o inodora. Tampoco tienen electricidad, y por lo tanto, no incluyen en el mobiliario una nevera tan útil para conservar los alimentos. Se auxilian de unas neveritas de plástico repletas de hielo en las cuales introducen unas palas para extraerlo, y cuando el apuro es mucho con las mismas manos lo suplen.

Toda cocina genera desperdicios y los zafacones, cuando hay, no son tan amplios como para contenerlos, y de pronto el espacio se convierte en un caos. Y obviamente, no hay una escuadrilla de limpieza que corra en nuestro auxilio. Podemos seguir mencionando la ausencia de baños tanto para el personal como para los clientes, la falta de control sanitario, el uso de guantes en reemplazo del lavado de manos (un par de guantes para todo el día), el transitar de guaguas, conchos y carros de todos los colores y tamaños emitiendo gases contaminantes que son absorbidos por los mismos alimentos. Ante todo este análisis, vemos que la mejor opción deja de ser “buena”, y en vez de cubrir nuestras necesidades nutricionales se convierte en un medio apto para la proliferación de microorganismos dañinos para el cuerpo humano provocando graves enfermedades gastrointestinales.

¿Existe una solución buena, bonita y barata? La respuesta es afirmativa, y consiste en preparar nuestra lonchera en casa, y cuidando algunos detalles de conservación de los alimentos como, por ejemplo, refrigerarlos al llegar a la oficina o universidad, y si no es posible, incluir en el set de la lonchera hielos artificiales que se compran en tiendas o ferreterías locales. Al seleccionar una lonchera, decídete por una que sea térmica, y elige recipientes herméticos y aptos para microondas en caso que la oficina o la misma universidad cuente con este servicio. ¿Qué alimentos podemos incluir? Primero, debemos definir qué comidas debemos suplir, quién los va a consumir, y a partir de esto, hacer una lista de alimentos nutritivos para todos los días.

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Aquí, algunas sugerencias:

Ensalada de fruta: piña, manzana, guineo, jugo de china y un chorrito de limón.
Una pieza de fruta entera como manzana o guineo.
Mezcla de frutos secos: maní pelado sin sal con pasas, nueces y almendras.
Barras de granola o cereales: se compran y se pueden dividir en funditas con cierre para armar raciones para varios días.
Pechuga de pollo al limón a la plancha con puré de auyama, de papa o de yuca.
Arroz, carne y habichuelas.
Ensalada de tomate, aguacate o lechuga, ensalada César o Capresa
Sándwiches de queso, aguacate y tomate, de carne de res o pollo empanizado, de atún mayonesa, etc.
Pinchos de tomate y mozarella con pesto.
Pasta con salteado de vegetales: brócoli, ají, zanahoria y zuquini.
Armar la lonchera puede convertirse en una actividad muy creativa y entretenida para toda la familia.