Desde pequeños nos dicen: “se pide permiso cuando se interrumpe una conversación”; y acepto que esto se queda por mucho más tiempo del necesario con nosotros. Yo aprendí a pedir permiso desde muy pequeño, pero ya no le pido permiso a nadie…

Nos enseñaron a pedir permiso para ir al baño, para hablar, para comentar, para interrumpir. Ahora de adultos, ya no es necesario; ya podemos ir donde queramos, y podemos hablar lo que nos de la gana, y hasta podemos cambiar viejos paradigmas (sin pedir permiso, claro está).

Con los constantes cambios que nos enfrentamos en la vida, vamos viendo como los permisos son cada vez menos necesarios, van perdiendo importancia. Solo que a veces se quedan nuestros patrones de conducta con la misma percepción que de niños, necesitamos pedir permiso para hacer algo o necesitamos la aprobación/validación de alguien para desarrollarnos.

Hoy el mundo le pertenece aquellos que van haciendo lo que quieren. Amo este tipo de personas, amo los seres humanos que se atreven a retar sus permisos y van por la necesidad de recolectar evidencia de cosas que una vez parecieron difíciles de lograr.

Vivimos en un mundo en el cual necesitamos evidencia de que algo diferente se puede hacer y es cuando alguien ya ha cursado ese camino cuando sentimos seguridad. Es ahí cuando nos decimos: “si el lo hizo, yo lo puedo hacer”. El mundo necesita más personas que digan: nadie lo hizo, por tanto yo lo haré y ese.. quizás eres tú.

Me invento que cada uno de los que leen esto tienen el poder de crear algo sin evidencias, que va más allá de la aprobación, de si se puede o no. Deja de esperar la validación de alguien o el permiso de quién sea y ve a recolectar la evidencia de un futuro que parecía una vez imposible, simplemente porque puedes.

 

Por Ricardo Tirado

Coach-Conferencista