Roberto Nova
Recientemente conocí a un señor de alrededor de 50 años, dueño de una panadería. Muy orgulloso me comentaba que ha sido emprendedor desde hace 22 años, al iniciar su negocio vendiendo panes. Sin embargo, cuando me enseñó una foto de su establecimiento comercial en sus inicios, me di cuenta de que no había cambiado prácticamente en nada. En ese momento, comencé a tener dudas de su espíritu emprendedor. Luego de hacerle preguntas, confirmé mis sospechas. Había tenido un negocio estable pero estancado durante más de dos décadas. Vendían a las mismas personas, tenían la misma publicidad, ofrecían los mismos servicios, y como consecuencia, sus ingresos se habían mantenido estáticos. Esto convierte al propietario en un auto-empleado que había ido a su negocio todos los días a hacer exactamente lo mismo, para recibir la misma paga, durante todos esos años. En los negocios, sin innovación no hay crecimiento.

Mucha gente todavía piensa que comenzar un negocio la convierte en emprendedora. No obstante, en el contexto del emprendimiento la palabra “comenzar” tiene implicaciones más profundas. Un emprendedor es aquel que empieza un proyecto con un fin esperado, sin embargo, esto no sólo se refiere a abrir las puertas de un negocio, ni comenzar a diseñar un proyecto comercial. Sino que además puede referirse a la planificación e implementación de una nueva idea o propuesta dentro de un negocio que ya está establecido.

El emprendedor siempre está dando inicio a una nueva idea, es visionario y busca continuamente la mejoría de sus actividades, y por consiguiente sus resultados. Esta cualidad lo lleva a mantener una actitud proactiva e iniciadora de “sub-proyectos” en base a ideas que deriven en la optimización del trabajo. El emprendedor en una empresa está permanentemente desarrollando propuestas que lleven a aumentar rentabilidad, reducir costos, satisfacer al cliente, elevar la reputación de la marca, ampliar la cartera de clientes, mitigar riesgos, obtener ventaja competitiva, asegurar la permanencia de la marca en el tiempo, crear ingreso residual, entre otros factores fundamentales para medir el éxito y buen posicionamiento de una organización.

Sin embargo, más importante que ser visionario, ambicioso y proactivo, el emprendedor debe estar apasionado con su trabajo. Pues es la única manera en la que aprovechará al máximo su creatividad a favor de su empresa, planteando innovaciones que agreguen valor al mercado tan competitivo que tenemos en la actualidad.

Cuando llevamos un tiempo en una misma actividad es fácil acomodarnos en una rutina que nos hace sentir seguros, y es probable que nos haya funcionado bien. Ésta es una zona peligrosa para el emprendedor, pues al perder la pasión por su trabajo, difícilmente tendrá la iniciativa de identificar oportunidades y dar origen a cambios que podrían crear mayores beneficios para la empresa.

Nunca permitas que la rutina mate tu pasión. Si te sientes cómodo en lo que haces, es probable que hayas dejado de innovar, y por lo tanto de crecer. Siempre hay espacio para mejorar. El verdadero emprendedor persigue la perfección, sabiendo que sólo así alcanzará la excelencia.