Si miramos a nuestro alrededor –en la casa, escuela, universidad, oficina-, nos damos cuenta de la presencia femenina es determinante, relevante y transcendente. Sin embargo, estos tres calificativos no definen la evidencia equitativa de las mujeres en las labores que motorizan la economía de nuestro país, y de muchos otros de la región.

Veamos este dato en cifras. Según, la Encuesta Nacional Demográfica y de Salud (Endesa), de 2007, en nuestro país las mujeres son las más afectadas por el desempleo, dado que los niveles de desempleo superan el 50%, en 25 de las 32 provincias, y en seis provincias se sitúan entre 45 y 50 %.

De acuerdo con datos obtenidos de la monografía “Situación laboral de las mujeres en la República Dominicana”, presentada por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), y cuya muestra fue tomada en 2010; aunque en la última década, más del 45% del total de los nuevos puestos de trabajo fueron ocupados por mujeres y la tendencia es a aumentar con rapidez, sólo el 33.3% de las dominicanas están insertadas en el mercado laboral, tasa de ocupación que representa una de las más bajas de América Latina.

Dicho informe resalta que la debilidad de la economía dominicana para ofrecer oportunidades de empleo a las mujeres no ha impedido que la evolución histórica de la tasa de participación femenina en el país muestre una progresiva incorporación de las mujeres al mercado de trabajo.

Esos datos nos hacen reflexionar porque a pesar del avance numérico que se refleja en nuestra sociedad, aún persiste la discriminación en áreas tradicionalmente consideradas femeninas. Entonces, ciertamente el Estado, los gobiernos y la propia ciudadanía deben hacer una unión perenne en pro de establecer políticas claras que vayan a favor del desarrollo de la mujer en todos los ámbitos en que esta se desenvuelve.

Desde el periódico El Empleo, apoyamos esta propuesta y asumimos el reto de contribuir con el cambio que estamos proponiendo, consciente de que es cierto: las mujeres se han posicionado…