Mayra CortorrealA mediados del 2010 me encontraba pasando por una situación difícil, había iniciado en mi vida un proceso, que puso a prueba la amistad de muchos.

Uno de esos días en que la ausencia de amigos se hizo  presente, decidí contactar a una gran amiga de infancia. Comencé por decirle que me hacía falta su apoyo en ese momento de adversidad y a continuación, cual monólogo, una serie de reclamos, uno tras otro enlisté para ella.

Mi amiga, sabia como siempre, me escuchó pacientemente y solo atinó a contarme los últimos acontecimientos de su vida que habían hecho de la misma un drama donde cada episodio superaba en complicación al primero.

Ella se encontraba enfrentando un divorcio repentino, un robo en la casa, problemas serios en el trabajo, en fin…  mis temas terminaron reduciéndose a circunstancias pasajeras fáciles de resolver.

Después de contarme todo aquello, reflexionamos juntas sobre las actitudes que adoptan la mayoría de personas que se encuentran en adversidad. Muchas veces, nos aislamos física y mentalmente colocando murallas que bloquean nuestros pensamientos y reducen considerablemente entre otras cosas, las oportunidades de apoyo y soluciones que nuestros amigos pueden ofrecernos.

El deseo de muchos de tener razón y a la vez mostrarse víctimas, les lleva a suponer una serie de escenarios que solo están en sus cabezas. Es egoísta pensar que ante una situación difícil, solo nosotros estamos pasando por ese proceso, asumimos que el resto de nuestros amigos no tiene derecho a pasar por situaciones similares y nos cuesta ejercer el arte de la humildad y preguntar, antes damos por hecho solo lo que pudiera estar en nuestra mente.

Para mi bendición, mi proceso de transformación continuó y la actitud de amurallar es cosa del pasado, incluso el matrimonio de mi amiga corrió con la suerte de una excelente recuperación dejando recientemente un hermoso retoño.

Este fue un punto de quiebre que me inspiró a descubrir que adoptando otra actitud mis conversaciones y mis relaciones podrían funcionar mejor, desde entonces comprendí que una buena conversación hace muchos… muchos puentes!