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RICARDO TIRADO
Life Coach-Economista
me@ricardotirado.com

¡Ese eres tú!

Las lecciones están donde tú te detengas a observarlas. A veces, requerimos rendirnos antes nuestras propias creencias y empezar a ver la vida desde la perspectiva de las personas con quien nos relacionamos. 

Pues les cuento que mi buen amigo José Torrón iba rumbo a Italia, y su primer vuelo de Santo Domingo a Madrid, no fue su típico vuelo… Dado su trabajo al igual que el mío es viajar por todas partes, y como de costumbre cuando te montas en un avión, ya tienes todo listo: Ipod con mucha carga, computadora con carga, libros para leer, etc.…en fin, la vida del viajero.

Si a mí me gusta hablar en el avión a José le encanta. Cuando voy al lado de él en algún vuelo, y quiero mi espacio, me pongo el ipod, pero él busca apagármelo o me lo quita de los oídos; entonces se pasa el vuelo diciéndome, “no ombe, háblame chulo, que tenemos que aprovechar el tiempo…”, bueno como decía un gran filosofo “a cada abusador le llega su calderón”.

Entonces, en este vuelo justo a su lado había un señor de tez oscura, bien bonachón y lo saluda con una sonrisa, en su cara se notaba nerviosismo, como si fuera la primera vez que se subía a un avión, y así mismo era… En el momento que ya están tranquilos, y el avión está listo para despegar, el señor empieza hacer su historia:

—   Mi nombre es Eusebio (nombre ficticio por confidencialidad), soy de Nagua y voy a visitar a mi mujei que vive en España, es la primera vez que viajo y yo no sé mucho de eto, pero a mí me han pasao mucha cosa pa’ este viaje.

—   Mi don, ¿y qué le ha pasado?, pregunta José.

—   Mire don José (en tono filosófico), yo soy padrino de muchos muchachos allá en mi pueblo, y a deci velda,  ya me doy cuenta polque es que to’ el mundo quiere que yo sea padrino, es porque me toca a mi da’ el dinero, entonces ya yo no vua’ se’ pendejo no, en la última se me fue mucho dinero.

Aquí empieza el risueño de José a caer en gracia con el hombre, y ya parece que se han convertido en los mejores amigos… el vuelo apenas está empezando.

Así continúa el camino entre risas de los cuentos de este señor. Un dato curioso era que Eusebio no hablaba nada bajito, entonces – nosotros hablábamos en un tono moderado-, y este señor no solo le habla a la persona que estaba su lado, sino que todo el avión debía escuchar la conversación.

Pasadas unas cuantas horas, José está medio cansado de hablar e interesado en ver una película que yo le había recomendado, pero, no encontraba manera de decirle a José que ya era hora de ver su película. Por eso, abre su computadora, y le da comenzar a la película Limitless.

En este momento, el señor como que no se da cuenta de las indirectas, y ahí le dice José “hermano, ahora me pondré a ver esta película”. Cada vez que José se ponía los audífonos el señor traía otro tema, hasta que en una José (hombre que no pierdas paciencia), le dice, mire yo quiero ver esta película. Ahí Eusebio se echa para atrás y se sienta pegado de su asiento como si hubieran regañado a un niño.

Inicia la película, José se acomoda y de pronto siente que el señor se empieza a inclinarse hacia él. José extrañado lo mira, pero él sigue ahí, a medida que seguía la película, el señor miraba la pantalla de la película y miraba a José, miraba la pantalla, vuelve y lo mira. Eusebio sonríe, José se molesta, Eusebio se inclina arriba de José para ver la pantalla de frente y le dice: Ayyyyy, ¡pero, ese eres tuuuu (Bradley Cooper)!

—  ¿Cómo que soy yo?

—   Míralo tan callaito aquí con nosotros y es actorrr, míralo en la película, jaiii mamasita…

—   Que ese no soy yo (en tono incomodo), responde José

—   Si igualito, mírale lo cabello, ese eres tú, a mi no me engañas.

Eusebio le quita rápidamente los audífonos y le dice: “epérate que no ha hablao”. José está desesperado porque le devuelvan los audífonos y le dice:

— Devuélvame los audífonos que ese no soy yo.

Y ahí con tono alto (dado que tenía los audífonos puesto), espérate que todavía no ha hablao y si habla yo vua sabe que eres tú.

 

Al final llegan a Barajas, y en ese momento le dice José:

—   Bueno mi don nos vemos en la próxima, y se baja rápidamente del avión.

Mientras va caminando escucha un fiun fiun fiun (sonido de alguien aproximándose rápidamente).

—    ¡Qué bueno que lo alcancé!, no sé para donde ir –le dijo Eusebio a José-. Como buen samaritano, el querido José llevó a este hombre a la puerta para que no perdiera su conexión.

“A los buenos los cogen de pendejos”. Pero, que divertido y cuantos beneficios tiene el hacerse el pendejo.

Mientras menos se espera de la gente, mayores beneficios nos llevamos.

Observa las expectativas que tienes de las personas, las lecciones de la vida están donde tú te detengas a observarlas; y si no hay nada que aprender por lo menos tienes la oportunidad de escuchar algo diferente a lo que tradicionalmente estás acostumbrado.

A veces, requerimos rendirnos antes nuestras propias creencias y empezar a ver la vida desde la perspectiva de las personas con quien nos relacionamos.