ricardo - colaborador_opt
Ricardo Tirado
Life Coach-Economista
me@ricardotirado.com

 

De regreso a casa, en mi primer vuelo de tres, viajando desde Seattle a Dallas. Agotado luego de un día de conocer esa ciudad que tanto me impresionó por su combinación perfecta: un cielo londinense, la influencia de Canadá y el estilo Norteamericano.

El peculiar olor del fish market mezclado con ese sonido conocido mundialmente que dice: Salmon, Salmon, Salmon. La capital de Starbucks y pudiendo observarla desde el Space Needle, en días lluviosos y grises, con un frío de primavera y una ciudad que pide a gritos ser explorada, hicieron de mis días en Seattle algo más que un fin de semana.

Todas las cosas que me gustan tener a mí alrededor dijeron presente, mi corazón ya se estaba nutriendo de afecto, pasión y un cariño pleno de ser un ciudadano de aquella preciosa ciudad. Era la combinación deseada y añorada por tantos años, un lugar que te deja acomodarte y despertar cada día con esa temperatura agradable, gente súper relajada, largas caminatas por los muelles, disfrutar de mariscos exquisitos y saber que estás en la ciudad del grunge, en la meca de músicos tan influyentes como Jimi Hendrix. Es como si esta urbe me susurraba: ¡Ricardo estás en tu casa! Confieso que fue la primera vez que encontré una ciudad por la cual me atrevería a dejar mi bello país.

Hay momentos en los cuales ruego porque el avión me deje, este era uno de esos momentos, perdía tiempo en cualquier cosa para ver si me dejaba mi avión, me subo a este casi de último. Sintiéndome un poco vulnerable por todo lo vivido, respiro profundo y escuchando la canción que me decía “She walks slowly, across the young man’s room”, manteniéndome en la onda de la ciudad, de repente alguien que estaba más tarde que yo, se sienta justo a mi lado. En ese momento, la canción dijo “oohhhh I’m still aliiiiveee ohhh yeah yeah yeah”.

Totalmente exhausta como si estuviera corriendo solo por estar ahí; era bella, delicada, y con una sonrisa preciosa. Era aquella mujer que estuve esperando por tantos años. Yo quería hablarle, pero no podía… sentía que era demasiado linda. Pero el destino me tenía una historia interesante.

shutterstock_64475161_opt

— ¿Me podrías sostener esto? Dice ella en toda confianza.

Apenas me podía mover, no creía que me había hablado. Luego de unos segundos (que parecieron 1 hora), mientras me sentía como el pendejo de las películas que se queda mirando como un idiota, agarré su cartera en mis manos.

Volviendo a mis sentidos me dije, vamos Ricardito no es para tanto, tu puedes manejarte. No importaba cuantas cosas le decía a mi mente, esta seguía en blanco. Observo que ella se estaba tomando todas las pastillas que te puedas imaginar, entre las cuales logro leer una etiqueta y me percato que eran para dormir. Luego de un silencio, ella muy simpática, vuelveee y me habla:

— En realidad odio viajar.

— ¿Sí?, respondo entre nervioso y avergonzado

— Si, prefiero dormir todo el camino…

— Oh. Respondo, aquí ya estoy pensando “oye no te hagas más el pendejo”

— Me pongo muy nerviosa, dice ella entre una risa de burla personal.

Mientras el avión empieza a subir me doy cuenta que se está agarrando y yo, ya en mi juicio, le digo:

— Me puedes agarrar si te asusta. Imagínate que soy familia, o tu novio no te preocupes.

La risa no se hizo contener y aquí empezó la historia.

— No tengo novio, mi nombre es Emma (nombre ficticio por confidencialidad)

— Ahora lo tienes, respondo con sonrisa de pícaro.

shutterstock_117210778_opt

Su risa me hacía derretirme en mi asiento, era como si la conociera desde hace mucho. Todo caía en su lugar, como si Dios me dijera: Ya ahí está, ¡aprovéchalo! Ella estaba camino a la ciudad de Nueva York para visitar unas amigas, y luego irse a vivir a Canadá que iba a ser su nuevo hogar.

Mientras seguíamos hablando la notaba menos nerviosa y más tranquila en la conversación, hablamos de la vida, de su vida, de sus viajes, de mis viajes, de su viaje a mi país y que no piensa volver, que no tenía razón de volver; le ofrecí mi casa, mi carro y hasta mi familia, pero no parece que funcionó nada de lo que dije, fue solo un momento, no sabía que decirle para que entendiera que me encantaría que ella fuera parte de mi biografía, al final no sucedió, pero sí recuerdo la mejor parte cuando me dijo:

— Yo creo que me estoy enamorando de ti y quisiera que te fueras a Nueva York conmigo.

Bueno en realidad no dijo eso, pero era lo que quería que dijera. Realmente, me dijo que las pastillas estaban haciendo su efecto y que se iba a dormir.

No dormí todo el camino esperando que se despertara para seguir hablando, lamentablemente no sucedió; ella no despertó hasta que aterrizamos, me dio un beso en la mejilla, me deseó suerte y aquí termino mi historia. El tiempo no fue mi amigo, las oportunidades no avisan, solo tenía un momento, quizás este fue el momento que no vuelva jamás, solo me queda el recuerdo, no sé si el destino me vuelva a unir a ella, ya veremos que sucede.

shutterstock_57571180_opt

Esta historia no tiene moraleja, solo un corazón usado. Lleno de ilusiones y esperanzas, pero también lleno de frustraciones e impotencias. La vida no sucede como planeamos, ni como quisiéramos que suceda, solo sucede. Es tiempo de enamorarme cada día aún más. La vida es para gastarla, para usarla, para hacer de ridículos, para reírnos de nosotros mismos, de las estupideces y de los logros, que bueno es soñar despierto. Al final solo tendrá el significado que nosotros queramos darle.

¡Felicidades a todos! si estás leyendo esto, todavía tenemos un día más para enamorarnos de esos momentos que le dan significado a nuestras vidas.