REPORTAJE

Los comerciantes informales buscan vender o prestar algún servicio en las vías de Santo Domingo para subsistir

 

Por Rocío García

Ser vendedor informal tiene la desventaja de que no tienen seguridad social.
Ser vendedor informal tiene la desventaja de que no tienen seguridad social.

Singer de Jesús Frías es un vendedor ambulante que se levanta con la aurora para buscar el sustento de su familia. Su historia puede resultar muy común en República Dominicana, pero tiene la particularidad que al contrario de otros, él le da gracias a Dios por el nuevo día, al tiempo que se pregunta si será bueno o malo, si lloverá o hará sol o si estará a salvo de los policías que tanto atormentan a los vendedores informales.

Hace tres años, De Jesús Frías tuvo que dedicarse a vender productos en las calles, debido a que quedó desempleado y no tenía el sustento para su familia. Pero hay otra razón que lo impulsa a levantarse diariamente a las 5:00 de la mañana: obtener los recursos económicos necesarios para darle una mejor educación  y vida a sus hijos y esposa.

Sobre las ganancias que obtiene de este empleo, explica que varían porque algunos días puede vender 800 pesos y otros mil.

“Soy padre de 6 hijos los cuales comen de este trabajo, mis  ganancias varían mucho hay veces vendo  800 y 1000 pesos,  los cuales no da para mucho  porque de ahí debo sacara el dinero de surtirme el día siguiente”, alega.

Al igual que De Jesús Frías, el vendedor de frutas Wellington Rafael Gómez desde hace cinco años se levanta de madrugada para iniciar su jornada diaria. Desde muy joven tuvo que  dejar sus estudios para empezar a trabajar, luego de que su padre muriera, quien “era el que llevaba el pan de cada día a mi casa”.

“Lucho en día a día para lograr sobrevivir en esta jungla de asfalto. Tuve que trabajar al fallecer mi padre. Tome la decisión de ser independiente ya que estaba cansado de trabajar para otro y no ver crecimiento. Al tener que tomar el mando tuve que dejar mis estudios para poder mantener a mi familia, a mi madre y demás hermanos”, dice.

Asegura que sus ingresos diarios son de 400 pesos, pero algunos días que llega a vender hasta mil 500. “Eso siempre y cuando no me quede en un punto fijo”.

Explica que es viudo y que es padre de siete hijos,  los cuales dependen de él totalmente. “Mi madre que es una mujer enferma, todos ellos se mantienen de este chinchorro”, aduce.

Este panorama muestra la realidad de República Dominicana, donde miles de adolecentes, jóvenes y personas adultas se integran desde temprano  al campo laboral, sustituyendo sus juguetes y útiles escolares por triciclos, limpiabotas,  entre otros equipos con los cuales trabajan.

De su lado, Lucas Almonte Almánzar, oriundo de Samaná, llegó a Santo Domingo en 1973 con miles de ideas en su cabeza, pero la principal era trabajar para un mejor futuro.

“Fui encargado del almacén de Plaza Lama, Sema, en diferente restaurantes,       los cuales dediqué parte de mi vida a estas empresas siendo responsable honesto y capaz, y a pesar de todo nunca supieron reconocer mi trabajo y cada vez las cosas se ponía difícil. El trabajo se incrementaba y los ingresos eran los mismos, ganaba tan poco que ni una mujer podía conseguir”, indica.

Asegura que al ver su realidad, en el 1996 decidió ser independiente  y con cinco mil pesos iniciar su negocio vendiendo frutas.

“Me iba muy bien hasta que cada día fueron llegando más vendedores y las ganancias empezaron a bajar, en cada esquina hay un frutero, pero la verdadera competencia hoy en día son los supermercados con sus días de especiales en frutas y verduras”, señala.

Almonte Almánzar es padre de tres niños  los cuales asegura nunca irán a la escuela, alegando que el dinero que gana apenas le alcanza para comer. “Es muy lamentable pero es mi realidad”.

Con sus ojos aguados y la cabeza cabizbaja dice “yo espero en Dios que mi situación cambie, mientras seguiré aquí”.

Mientras, bajo un sol abrasador, Carmen Hernández, de 39 años,  trabaja de pie en las aceras, mientras  con voz  alta describe sus productos.

“Vendo  galletas, golosinas y tarjetas de llamadas”. La venta de estos productos es su forma de ganarse la vida, para mantener sus dos hijos.

Hernández es madre soltera y debe sacrificarse cada mañana por ellos, iniciando cada día con una sonrisa y saludando a sus clientes e invitándolos a comprar  la mercancía que ofrece.

“Una mayor cantidad de personas ha optado por la economía informal ya que en este país solo falta que cobren impuesto para respirar”, señala Hernández.

Hoy en día los vendedores informales buscan vender o prestar algún servicio en las vías públicas de Santo Domingo para subsistir, y de esta forma hacerle frente al desempleo que actualmente afecta a República Dominicana.

Sin importar la hora del día ni los candentes rayos del sol, estos comerciantes venden o promocionan productos y artículos en las principales calles de la ciudad en busca del subsidio para sostener a su familia.

Para esto, deben levantarse en la madrugada y coordinar todo lo relacionado con su oficio, desde la compra de sus productos hasta dirigirse al punto estratégico donde los comercializarán.

Debido a la crisis económica, un gran porcentaje  de estos vendedores  tienen un denominador común provienen de familia  numerosas y de bajo  recursos.

 

 

Ventajas

Se es dueño de su propio negocio.

El horario se ajusta a la medida y necesidad del vendedor

Libres de impuestos

 

Desventajas

No tienen ingresos fijos ni constantes.

No poseen Seguridad Social

Propensos a accidentes y climas desfavorables