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Pese a todas las dificultades sociales, económicas que afrontan las mujeres, en los próximos 15 años, su inserción en la población económicamente activa seguirá incrementándose de manera acelerada.

Por María Mercedes

Durante muchos años, la mujer ha tenido una valiosa y ardua participación en las labores domésticas. Ahora, en el siglo XXI, esta realidad ha cambiado, y sigue cambiando. Las palabras claves que define esta realidad es empoderamiento profesional.

Esta decisión que una vez tomaron nuestras predecesoras, y que fue defendida por las mujeres en diferentes fechas del siglo pasado, ha cosechando frutos, pero aún sigue latente.

En agosto de 1910, la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, reunida en Copenhague, Dinamarca, reiteró la demanda de sufragio universal para todas las mujeres y, por propuesta de la socialista alemana Luise Zietz, se aprobó la resolución que proclama el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

La primera convocatoria tuvo lugar, en 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza. Desde entonces, esta conmemoración se ha ido extendiendo a numerosos países. En 1977, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), proclamó el 8 de marzo como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional, a favor de la lucha de la mujer por su participación, en igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona.

¿Qué dicen las cifras?

Según datos de Fundación Mc Arthur/Conmujer, de México, el 35.3% de las mujeres trabaja en actividades extra domésticas; y se estima que en 50 años, el nivel de participación en puestos directivos estará a la par con los hombres.

Según el estudio “El Futuro del Trabajo en Latinoamérica”, realizado por Manpower, empresa líder en la industria de Recursos Humanos a nivel mundial, se espera que en los próximos 15 años la inserción de la mujer en la Población Económicamente Activa (PEA), siga incrementándose de manera acelerada. Previéndose que aunado al decremento del índice de natalidad, facilitado por la información y el acceso a métodos de control de natalidad, se ha verificado una creciente incorporación de la mujer a la fuerza laboral, pasando de 30% de la PEA, hace dos décadas, a un estimado de más de 40% para el año 2025.

Experiencias extranjeras

El Instituto Nacional de las Mujeres, de México, formuló un Modelo de Equidad de Género que proporciona una herramienta dirigida para que empresas privadas, instituciones públicas y organismos sociales asuman el compromiso de revisar sus políticas y prácticas internas para reorganizar y definir mecanismos que incorporen una perspectiva de género.

A través de esta experiencia se busca conducir al establecimiento de condiciones equitativas para mujeres y hombres en sus espacios de trabajo.

Este Sistema de Gestión está basado en el sistema administrativo (planeación, organización, ejecución y control), fue realizado con un enfoque de mejora continua y con los estándares de calidad requeridos. Este Modelo de Equidad de Género propicia que se creen espacios acciones a favor de la equidad en áreas como: reclutamiento y selección, capacitación, desarrollo profesional, vida familiar y laboral, y hostigamiento sexual laboral.

En España, el informe “La mujer directiva”, elaborado por PwC e Isòtes, analiza la carrera de las directivas en la empresa española y enumera las barreras de entrada con las que estas se encuentran a la hora de poder acceder a puestos de alta dirección.

La dificultad para conciliar familia y trabajo, los patrones masculinos presentes en algunas empresas, los sistemas de promoción no siempre basados en la meritocracia y la menor visibilidad de las mujeres son algunas de las piedras del camino que se están encontrando las mujeres que ocupan mandos medios.

En esta nación, la presencia de la mujer es escasa en los cargos de alta dirección y en los consejos de administración de las empresas: casi un 70% de las compañías nacionales no las incorpora al consejo administrativo.

En cambio, la presencia femenina mejora si desciende la cadena de mando. El informe de PwC muestra que en los cargos directivos funcionales la mujer representa el 30%. Las áreas con mayor presencia son la dirección de comunicación y marketing (42%); la de la asesoría legal y jurídica (34%), y la de recursos humanos (30%). En cambio, las mujeres casi desaparecen de áreas como la dirección de tecnología o la dirección comercial y de ventas.
Sobre la distribución de las mujeres en los cargos directivos por sectores de actividad en los que tienen mayor peso, el estudio menciona el sector público, de salud y entretenimiento, con un 22%, un 21% y un 20% respectivamente.

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Continúa en la próxima edición.