ricardo - colaborador_opt

 

Quizás es el destino, quizás estaba planificado de esta manera tan especial y peculiar. O solo quizás, estaba en el lugar correcto en el momento correcto.

Hace poco publiqué en twitter una frase de Octavio Paz que me llegó a mi cuando la leí, y en toda la mañana de ese día no podía dejar de pensar en ella, decía: “Un mundo nace cuando dos se besan”. No es mi sentido romántico ni un creer más de la cuenta, pero realmente es curiosa esta frase. Si te pones a recordar las personas que has besado y todo lo que se ha creado a partir de ese momento, resulta super interesante poder ver cómo el simple hecho de un beso puede cambiar desde la percepción hacia alguien hasta el cariño que puedes expresar por esa persona. Pero bueno, no vine a filosofar acerca de un beso ni del amor, pues me considero un aprendiz en esa área; sólo creo en las veces que se me ha dejado con la ilusión de lo que pudo suceder y los momentos. El destino hasta ahora lo ha querido de esta manera.

Pues bien, justo ese día me voy de turista con dos amigos por la ciudad de México. Añoraba hacerlo hace un tiempo, pero como siempre venía limitado de tiempo, no me atrevía a hacerlo o me entretenía con otras cosas. Como buen turista me subí en el Turibus (los autobuses de dos pisos en los que vas tirando fotos por toda la ciudad). Muchas personas en cada lugar que vas, el autobús lleno de jóvenes y turistas; algunos enamorados y otros sólo disfrutando de un día precioso por el Distrito Federal.

Cuando ya nos cansamos de dar vueltas, ver el transito y el camino de muchos ciudadanos – algunos apurados, otros relajados y muchos ofreciendo sus servicios – decidimos irnos a un café o algún sitio en el cual poder disfrutar de ese bello día. Nos sentamos en un pequeño restaurant en el centro histórico; un paisaje espectacular. Así entre cervezas, botanas y risas, en un momento de relajación entre Ivelisse, José y yo, llega el momento de revisar los celulares. Algo que no hago muy frecuentemente es revisar el Facebook de mi celular, pero esta vez lo hice… ¿Por qué? No sé. Veo un mensaje de una amiga peruana que hace años había conocido en Punta Cana que me comenta:

—    Una consultita… de casualidad estás en México? Es que Lidia (mi amiga que también había conocido en Punta cana, como saben; nombre ficticio por confidencialidad) estaba en el Turibus y cree que vio alguien igual a ti.

A estas personas espectaculares las había conocido ya hace más de 3 años y a pesar de tener cierta comunicación, no era muy corriente Siempre había tenido la intención de ir a Perú, pero nunca se concretó.

Pero lo peculiar y lo que pensaba era, que esta persona de Lima a quien conozco en Punta Cana, me la encuentro en el mismo autobús turístico en la ciudad de México, una ciudad de más de 22 millones de habitantes… entonces este mundo es creado por un universo mucho más poderoso de lo que podamos entender. Una nueva ilusión, un nuevo momento, pero… ¿cómo puede ser que éstas cosas nos sucedan?

Penoso para mi fue que no la reconocí, y quizás ella no tuvo la valentía para acercarse y preguntarme si era yo. Su duda la llevó a cuestionarse y a no atreverse a preguntar, y yo con mi tristeza porque el momento estuvo perfecto, pero no sucedió,  sólo después que pude hablar con ella. Cuantas veces no estamos pendientes de las señales que hay para nosotros, y cuestionamos el por qué las cosas nos suceden, y por qué a nosotros. Definitivamente podemos crear nuestra realidad, pero no dejar a un lado el juego divino que la vida tiene para nosotros.

Luego de poder verla el tiempo no fue suficiente. Dos horas sólo tuvimos para reencontrarnos; cada segundo fue mágico, lleno de alegría y entusiasmo, recordar y planificar un nuevo futuro. Quizás cambiemos el rumbo de muchas cosas en nuestras vidas, o quizás esto también deberá pasar.

Definitivamente que el mundo nace cuando tú decides que nazca. Sólo en relación con otras personas existen los destinos, y los momentos inolvidables que no regresarán jamás. ¡Cada segundo es un regalo!

¿Qué pasará? La volveré a ver, quizás me la encuentre en un avión o quizás sea en un país mucho más lejano a nuestras tierras. Lo importante es que en esta vida nos mantengamos abiertos a vivir más allá del día a día. El mundo sigue ofreciendo tanto que sería un desperdicio no gozarlo.