Gerardo RussoExiste un pensamiento generalizado e instaurado en la sociedad al concebir que la ausencia de enfermedad significa gozar de buena salud. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) claramente preceptúa el concepto de salud estableciendo que no radica únicamente en la ausencia de enfermedad sino que enfatiza en que constituye un estado de bienestar físico, mental y social, con capacidad de funcionamiento en armonía con el medio ambiente.

René Dubos, un reconocido investigador de la OMS, refuerza este concepto diciendo que “…La salud es principalmente una medida de la capacidad de cada persona de hacer o de convertirse en lo que quiere ser”.

De la misma manera que algunos creen –erróneamente- que la salud es la ausencia de enfermedad, otros entienden que el trabajo es un “esfuerzo humano para producir riqueza”. Este desacierto de concepto se debe a que el significado etimológico de la palabra “trabajo” proviene de la palabra “tripaliare”, que refiere a un elemento de tortura utilizado en la Edad Media constituído por tres palos para castigar. En consecuencia, se configura una relación inescindible entre el trabajo y el cansancio, esfuerzo o sacrificio, motivado por el origen de su nombre antiguo.

Marie Jahoda –entre otros investigadores- han logrado probar que existen funciones manifiestas y latentes en el trabajo.

La función manifiesta consiste esencialmente en proveer ingresos.

Las funciones latentes comprenden otorgar una estructura temporal a nuestra vida diaria, posibilitar relaciones sociales con personas ajenas al grupo familiar, vincular a los sujetos con metas de carácter social, desarrollar una actividad de manera habitual y regular, asignar estatus e identidad y brindar la posibilidad de actualizar el saber-hacer desarrollando capacidades, habilidades y competencias.

Roxana Jofre concluye sus investigaciones diciendo: “Si para nosotros el trabajo es una obligación, una tortura, estamos desperdiciando una gran oportunidad de crecimiento”.

Graciela Santos Márquez expresa que el trabajo es sin lugar a dudas un eje fundamental en la vida de las personas y alrededor de él se mueven, en mayor o menor medida, las expectativas, las emociones, los intereses y los sueños de cada uno. El trabajo dignifica a la persona. Brinda satisfacción por el esfuerzo realizado y debe permitirnos valorar lo ganado, o el resultado obtenido. La realidad indica que un trabajo nos da un ingreso económico, una seguridad, pero también es importante considerar el trabajo como una forma de desarrollar nuestras aptitudes y nuestras habilidades tanto físicas como mentales, en pos de convertirnos en mejores seres humanos, sentirnos útiles, motivados y orgullosos como partes pequeñas de un mecanismo de producción mayor.

El trabajo es un elemento indispensable para la vida. Por medio de él las personas pueden proyectar sus capacidades, su manera de pensar y de sentir, y eso no solo contribuye a que sea valorado por los que le rodean, sino que le ayudará a valorarse a sí mismo y en algunas ocasiones marcará la pauta de la felicidad.

Ahora bien, la realidad nos demuestra que la labor cotidiana, no siempre está exenta de riesgos para la propia existencia. Bernardino Ramazzini (1633-1714), médico italiano considerado el fundador de la medicina del trabajo escribió: “Deberé confesar que ocasionan no poco daño a los obreros ciertos oficios que desempeñan: Donde esperaban obtener recursos para el propio mantenimiento y sostén familiar, hallan a menudo gravísimas enfermedades y maldicen el arte al que se habían dedicado mientras se alejan del mundo de los vivos…”

Lo expuesto nos invita a repensar. El trabajo debe otorgar bienestar físico, mental y social permitiendo, además, funcionar en armonía con el medio ambiente.

Para lograr este propósito surge la Salud Ocupacional y se define como la actividad multidisciplinaria dirigida a: 1)  promover y proteger la salud de los trabajadores mediante la prevención y el control de enfermedades y accidentes y la eliminación de los factores y condiciones que ponen en peligro la salud y la seguridad en el trabajo. 2) Generar e impulsar el trabajo seguro y sano, así como buenos ambientes y organizaciones de trabajo realzando el bienestar físico mental y social de los trabajadores y respaldar el perfeccionamiento y el mantenimiento de su capacidad de trabajo. 3) Habilitar a los trabajadores para que lleven una vida social y económicamente productiva y contribuyan efectivamente al desarrollo sostenible individual y grupal permitiendo su enriquecimiento humano y profesional.

 

A la luz de estas breves consideraciones resulta ineludible  efectuar un cambio de paradigma al reflexionar sobre la estrecha relación entre la salud y el trabajo. No pueden considerarse separadamente porque ambos se retroalimentan, se fusionan y se enriquecen mutuamente para lograr una vida saludable y feliz.