ricarado-tiradoVengo en el avión entretenido con un libro, un poco torpe por falta de descanso tras 7 semanas de ciudad en ciudad. Mientras me acomodo, una bella azafata busca que tenga el mejor de los vuelos, llamándome por mi nombre y ofreciéndome guardar mi chaqueta. Cuando le ofrece lo mismo a quien va a mi lado, en su acento inglés le trata de explicar cómo se pronuncia su nombre correctamente. Movido por mi afición por ese British accent que me acuerda a Londres, una de mis ciudades favoritas, le pregunto:

  • ¿De dónde es?
  • Originalmente de Londres, pero debo decir que de todos lados; he vivido en 11 países – contesta.

Según hablábamos me daba cuenta de todo lo que este hombre mayor había vivido. Desde su aparente abundancia de millas de vuelo, por lo que expresó saber de aviones y viajes, hasta su carrera como consultor para el área minera, mi curiosidad no se hizo esperar. Inicié mi serie de preguntas, mientras nacía mi nueva amistad extranjera entre su gin tonic y mi copa de vino.

Platicamos de libros, de historias, y de qué hacíamos en nuestros trabajos. Yo, un joven viajando por América, él con 25 años más, y sobre 200mil millas anuales recorridas por el mundo entero. Hablamos de la vida, las decisiones y los errores, el trabajo y la familia, las altas y las bajas. Un placer inmenso participar en una conversación profunda con alguien que ofrece detalles de cosas que muchas veces pasamos por alto.

Le pregunté el porqué de tanto viajar ya estando en una posición tan ventajosa, y considerando toda la tecnología existente a la que pudiese acudir para evitar estar de avión en avión. Me sorprendió respondiendo:

  • Ricardo, si vas a pedirle 10 millones de dólares a alguien, debes estar mirándole el blanco de los ojos.

Mirar a los ojos. Algo que muchas veces se nos olvida. Creo en la tecnología y cómo puede conectarnos, pero su enfoque me hizo despertar al hecho de que es probable que con muchas personas de mi vida ya con la excusa tecnológica me es más fácil escribirles por algún lugar, y no reunirme con ellas. Apoyado en los gadgets, olvido la importancia de lo personal, del cara a cara, en estos tiempos de rapidez y rápido flujo de información.

Después de su comentario, no dije una palabra más. Sólo quería escuchar las experiencias de esta persona y convertirme en su aprendiz. Las ideas y la manera en que enfocaba cada situación eran admirables. Lograba encontrar una idea consensuada en su manera de expresarse, como si cada cosa que decía la hubiese pensado mucho, sin importar el tema.

Definitivamente, los años de experiencia brindan sabiduría, humildad, y sobre todo inspiración; siempre y cuando se tenga el coraje y la valentía de aceptar los errores cometidos. Este señor me mostró que podemos llegar a viejos con una mente abierta, y explorando nuevas posibilidades. Como me dijo un mentor hace unos años, “Si tuviera que hacer de nuevo toda mi empresa (que fue muy exitosa por casi 30 años), no habría sido tan arrogante”. Lecciones de vida que no se acaban, destinos por llegar. Quién sabe a dónde nos llevará el próximo vuelo.