Picture6Llegando al hotel en Siem Reap, Cambodia, ya terminando la tarde, mis compañeras de viaje querían dormir (o eso pensé), pero yo decidí ir a caminar y a explorar este lugar. Por un momento me sentí inseguro, porque tenía mi dinero y el celular, y quería proteger lo que tenía. Pensé que era lo único que llevaba y el medio para comunicarme con el mundo… Mis cosas me hicieron evaluar si salir a caminar por esta ciudad o no, partiendo de que una amiga me había comentado que le habían robado mientras estuvo por acá.

Ahí recordé las palabras de Facundo: LA VIDA ES BELLO PELIGRO.

Ciertamente estaba en una ciudad nueva pero, en serio, ¿cuidando mis cosas?! Cómo nos mantenemos aferrados a algo cuando hay tantas cosas que nos desean conocer… A vivir se aprende viviendo, no teniendo. Mejor dejar de cuidarme y vivir; vivir sin miedos y sin límites.

Continué caminando casi 30 minutos observando la gente de la ciudad, viendo cómo se hacían justos en el momento, creando la perfección de una ciudad humilde y servicial. Así llegué a un restaurant-bar y pedí una cerveza. Minutos más tarde se sentaron a mi lado dos jóvenes y en cuestión de segundos establecimos conversación. De alguna manera pensé que habían llegado mis invitados de la noche, pero para mi sorpresa yo acabé siendo su invitado.

— ¿De dónde son? – pregunté.

— De Malta.

— Perdón, no entendí – respondí.

— De Malta. ¿Sabes dónde es?

— Sí; sólo que no había conocido a nadie de ese país.

Empecé a hablar con estos trotamundos; él un viajero por convicción, ella empezando una gran vida. Su próximo destino los llevaría a Australia, que está entre mis próximos destinos a visitar. Por tanto, la conversación iba tomando forma y muchas cosas comunes nos unían. En cada persona que conocemos existe tierra común, sólo hay que ser lo suficientemente curioso para encontrarla.

Me preguntaban qué hacía, a qué me dedicaba. Les expliqué la versión que más se aplicaba al momento. Entre risas y cervezas, me contaron de sus travesías por la India, Cambodia, Tailandia y Bali. Me mostraron fotos preciosas (él es fotógrafo y bloguero), y tips que se podían aplicar en mis próximos viajes. Dos personas que espero volver a ver; ambas almas libres recorriendo el mundo. Seguro nos volveremos a ver en otras tierras, muy probable no en Cambodia; pero ya veremos.

Admiro el valor de personas que se atreven a viajar por el mundo, disfrutando. El coraje de un año sabático. Es extraño que más personas a mi alrededor no lo hagan, pues todos en el fondo tenemos el sentido aventurero. Algunos temen hacerlo, otros a explorarlo; quizás por el miedo a dejar algo atrás, cuando como quiera el día de nuestra muerte todo se queda atrás.

Algunos me dicen que es fácil es mas fácil cuando joven, cuando no tienes responsabilidades, o cuando ya estas viejo, en la edad de retiro, y es justo cuando recuerdo a las personas que han viajado el mundo con sus padres. Personas cuyos padres no tuvieron miedo a explorar el mundo, como esos amigos que sólo estuvieron conmigo sólo uno o dos años en el colegio; y pienso que sí se puede. Quizás esos nuevos conocimientos de culturas serán lo necesario para esos hijos en un futuro.

El conquistador se convierte en esclavo de su conquista… Sólo les dejo con más palabras de Facundo: “La vida es bello peligro; Si mi madre se habría cuidado de mi padre yo no habría nacido.” ¿Para qué cuidarnos tanto y protegernos cuando todo lo grandioso que nos sucede ocurre justo cuando nos dejamos de cuidar? Les invito a que prendan el fuego interno de su ser aventurero y le den rienda suelta a su imaginación.

Ricardo Tirado