Picture6Hace un tiempo, una de mis maestras de vida hablaba en mi clase de yoga sobre una ciudad que se llenaba de agua, y las personas perdían las pertenencias que con mucho esfuerzo habían conseguido. Aquello era recurrente. El agua era devastadora y al final los dejaba sin nada.

En el tiempo de los monzones (cantidades inmensas de agua, como aprendí cuando visité Cambodia), las grandes lluvias se llevan todo de las casas y las pertenencias de quienes allí habitan. Cuenta la leyenda que estas personas andan con frecuencia en balsas comunales, varias familias juntas en comunidad forzada. Imagina eso, por culpa del agua, tener que vivir unos meses junto a personas que quizás ni conozcas muy bien. ¿Vivir con mis vecinos en interacción constante por una semana, o un día? ¡Qué diferente sería si todos tuviéramos la necesidad y obligación de estar juntos y llevarnos en armonía porque no hay otra alternativa! Esto sólo lo he visto cuando ocurren desastres naturales… todos nos convertimos en hermanos con un objetivo común: ayudar al prójimo.

No quiero resaltar aquí el cómo todos podemos ser uno, eso se queda para otro artículo. Hoy quiero compartir algunas cosas que he visto últimamente y que hacen que me enfoque en lo realmente importante.

Desde aquellos aprendizajes de mi maestra, ha pasado el tiempo y siempre he sentido curiosidad sobre el tema: el desapego y la manera como estas personas se desprendían de todas sus cosas materiales. Bien fácil es decir que las cosas materiales no significan nada cuando las tenemos, lo complicado es no apegarnos al no tenerlas, y solo aquel que ya las posee entiende este tema con facilidad (por ejemplo, cuando no tenemos dinero queremos miles de cosas, y una vez nos vemos con el dinero nos damos cuenta que no era tan importante como pensábamos).

El único hombre libre es el que no se apega a sus bienes, el que sabe que vino con las manos vacías y sabe que así se va, pero con el corazón lleno. Podemos tener de todo, y a mí me encantan las cosas materiales, lo que sí he aprendido es a no ser esclavo de las cosas: ni de mi casa, ni mi carro, la computadora, la silla desde donde escribo esto… en verdad yo no soy esclavo de ellos, no me ando preocupando si me lo roban, si se pierde o qué pase, esta gran maestra me enseñó que preocuparme y/o apegarme es convertirme en esclavo de ellas, y no el amo.

En algunos de mis entrenamientos les hago la siguiente pregunta a los participantes: ¿eres esclavo (persona que está pendiente de una obligación o trabajo) o liberto (esclavo a quien se ha dado libertad)? Muchos nos convertimos en esclavos, quizás por el día a día o por lo que la sociedad nos mandó a que deba ser.

No te aferres a nada, pues al final nada es tuyo, y si quieres poseer algo, recuerda que podrás ser poseído. Fluye con lo que el destino te puede tener, que es mucho más grande que lo que nuestra mente puede ver.

¿Qué pasaría si perdiéramos todas las cosas que estamos cuidando en el día a día? ¿a qué nos dedicaríamos? Al final nada de esto se queda con nosotros, como me dijo mi maestra: y tu, ¿eres esclavo o liberto?